¿ESTAMOS PARTICIPANDO EN EL CAMBIO?

Muy buenas,

 

Hace algunos días Pablo Cueva (compañero, coach y psicólogo que nos acompaña en la Hermes) me invitó a una interesante conversación sobre el futuro que viene y tuve la suerte de coincidir con Eva Silván, brillante politóloga, y Carlos Narganes, experto en comunicación que hoy tenemos la suerte de tener con nosotros.

Carlos muy buenas y muchas gracias por tu tiempo y disponibilidad.

Cómo puedes imaginar, son días difíciles para nosotros, pequeños emprendedores.

Como todas las demás personas vivimos estos días preocupados por nuestra salud y por la salud de nuestros seres queridos, pero también son momentos muy duros para nuestros negocios. Tenemos la sensación que nos lo estamos jugando todo. No obstante, debemos tener la lucidez interpretar el entorno y tratar de posicionarnos en consecuencia.

Carlos Narganes

Experto en comunicación

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Alessandro Cerulo

CEO Hermes Gourmet

P: Carlos, desde hace años vienes experimentando e introduciendo una metodología nueva “la empresa líquida”. En estos días de cambio estamos muy atentos a cómo adaptarnos, a cómo hacer que nuestras empresas estén abiertas al mismo, y cómo involucrar a nuestros colaboradores en esos procesos de cambio ¿Carlos podrías introducirnos en tu “país de las maravillas “contándonos qué es la empresa líquida?

 

R: Hola Ales. La empresa líquida es básicamente un modelo de organización profesional y empresarial. El origen está en las teorías de un filósofo llamado Zygmunt Bauman, que hablaba de la sociedad líquida, las relaciones líquidas y los negocios líquidos. Pero lo que venía a decir es que el mundo, tal y como lo conocíamos, ha entrado en una frenética espiral de cambios que nos exige adaptarnos continuamente a las circunstancias para poder superar los retos. Esas circunstancias ya no son sólidas, las referencias se alteran y se modifican, por lo que debemos actuar como un líquido que se adapta a la forma del recipiente que lo contiene.

 

En el mundo de la empresa, el concepto de lo líquido está asociado a la colaboración, a pensar en global, en la adaptación permanente a la dimensión de los proyectos y la búsqueda de soluciones colectivas a partir del valor individual.

 

P: ¿Consideras que esta metodología se puede aplicar también a pequeñas empresas, a restaurantes, locales de hostelería, etc?

 

R: Si, claro. Es un modelo y como tal, es adaptable. De hecho, nosotros mismos aplicamos el modelo en función de nuestras características profesionales. El modelo de empresa líquida está muy basado en la organización por proyectos; en la creación de equipos específicos para realizar un proyecto concreto, con la flexibilidad de disolverse al acabar y volver a armarse en función de las necesidades del siguiente proyecto, aumentando o reduciendo recursos.

 

 

P: Carlos, muchas Pymes son empresas familiares y otras puede decirse que son casi familiares, ya que entre el emprendedor y los colaboradores hay una relación muy estrecha, se trabaja codo con codo, se comparten muchas horas y sueños que se realizan o fracasan. ¿Cómo podemos aplicar el concepto de empresa líquida al interno de la empresa? ¿Como podemos sumar fuerzas?

 

R: Fíjate, creo que la situación tan excepcional que estamos viviendo nos lleva hasta la respuesta. Lo primero que debemos entender es que la crisis es global, lo segundo es que, por primera vez desde que yo recuerdo, las decisiones no las tomamos nosotros. No es un problema de mercado o de crisis financiera; el problema es que directamente estamos obligados a cerrar nuestros negocios y tenemos prohibido salir de casa. Por tanto, si los límites los tenemos todos y los problemas son, más o menos, comunes, tenemos que encontrar la solución en conjunto.

En este sentido, el primer cambio que deberíamos hacer es dejar de pensar en términos de cliente-proveedor y pensar en clave de: socios. ¿Y qué hacen unos socios? Sencillamente: compartir un proyecto.

¿Cómo aplicamos un concepto como el de empresa líquida? Pues pensando quién de nuestro entorno profesional nos puede complementar en nuestra actividad, con quién puedo aliarme para compartir costes, cómo puedo crear un grupo que nos permita acceder a una campaña de comunicación o de publicidad que de manera individual no podríamos afrontar. En definitiva, pensar en clave de proyecto y de equipos de proyecto. Eso se puede aplicar de manera interna y en colaboración con otras empresas.

 

P: ¿Cómo conseguimos motivar a las personas a colaborar y lograr, a la vez, que el emprendedor asuma la valentía de ceder parte del control?

 

R: Esas son dos cosas que es necesario modificar en el ideario de la gestión de un negocio. Pero también hay que decir que nos falta pedagogía para saber hacerlo. Por naturaleza, tendemos a ver al negocio de enfrente como la competencia y mirar a cualquiera que nos dice algo sobre nuestra empresa, como un intruso o como una especie invasora.

Yo creo que la clave está en marcarse objetivos. Cuando tienes un objetivo, lo siguiente es trazar un plan y cuando tienes el plan se acaba el miedo a perder el control. Y eso que en realidad hablamos de algo ficticio porque eso que llamamos control, en realidad, es la toma de decisiones y, en cuanto a decisiones, la última palabra siempre la debe tener el responsable de la empresa.

Cuando se tienen claras estas tres cosas y se sitúa la colaboración como uno de los objetivos, la motivación se centra por completo en la consecución de ese objetivo.

 

P: ¿Qué papel desempeña la comunicación en estos tiempos tan difíciles que vivimos?

 

R: Dicen los estudiosos que la comunicación ha dado un salto de 10 años en el último mes y medio. Y es verdad, en realidad estando confinados no hacemos o pensamos en otra cosa: en hablar con este o con aquel, en contactar con uno u otro. Lo novedoso es que ahora somos conscientes de ello y también de la barbaridad de recursos que tenemos para hacerlo.

En el ámbito empresarial, la comunicación se ha convertido en la principal herramienta de trabajo para los negocios. La diferencia está en que, salvo excepciones, ya no la planteamos para vender directamente, sino para comunicarnos, en el sentido estricto, con los agentes de nuestro mercado. La comunicación, en este sentido, es una inversión, porque bien utilizada va a posibilitar que se haga una selección natural entre los negocios que van a ver reforzada su reputación y los que no lo hagan. Cuando se vaya retomando la actividad, el público tendrá muy presente quién ha mirado sólo hacia su propio ombligo y quién ha pensado en colectivo.

 

P: Tú que eres un experto en comunicación: ¿debería comunicar con sus clientes un emprendedor que ahora mismo tiene el negocio cerrado? ¿Y cómo debería hacerlo?

 

R: Por supuesto, es más, debería ser una de sus tareas prioritarias. Como decía antes, las reglas del juego han cambiado, ahora la relación no se basa en vender, sino en ayudar o aportar. Es necesario que, sin perder la noción, ni la visión, de que estamos hablando de negocios, se debe transmitir la idea de que de esta vamos a salir juntos, cada uno aportando desde su terreno, pero siempre sumando.

La recomendación es empezar utilizando los canales habituales por los que se comunica con ellos, pero modificando poco a poco el mensaje. Pasar de los mensajes puramente comerciales o marketineros a mensajes con un tono más “humano” y, a partir de ahí, elevar el punto de confianza hasta que se vayan abriendo otras posibilidades de comunicación

 

P: A menudo, en las pequeñas Pymes el presupuesto para comunicación es bastante reducido y lo habitual en los pequeños negocios, como restaurantes, la lleva algún amigo o empleado sin experiencia ni formación en el campo. ¿Cómo se podría salir de esta dinámica? ¿y cómo podríamos medir o evaluar una comunicación efectiva?

 

R: A lo primero te respondería que: pensando en global, valorando la posibilidad de compartir ese esfuerzo con otros compañeros que también puedan tener esa necesidad. También interiorizando algo tan teórico como que no están incurriendo en un gasto, sino en una inversión y, para terminar, que consulten, se informen y se asesoren de verdad. Consultar a un buen profesional te dará un primer beneficio: dimensionar cuál es la verdadera necesidad que tienes y que recursos reales necesitas para cubrirla. Estoy seguro de que mucha gente se sorprendería de lo que se puede hacer, sin que un presupuesto se dispare, sólo eligiendo bien lo que se hace y cómo se hace.

Y en lo que respecta a la medición, hay muchas herramientas, pero lo fundamental es tener claro el objetivo y esa dimensión a la que antes hacía referencia. Con estos ejes bien definidos, la medición entra en la propia planificación, además no sólo a posteriori, sino durante el desarrollo de las acciones de comunicación para ayudar a corregir desviaciones o aplicar modificaciones en positivo.

 

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